“Tiene que existir una especie de armonía preestablecida, pensaba Joaquín; que después de las rachas malas venga la buena suerte; de otro modo, el equilibrio del universo se perturba. Mientras peor la racha, más lejos iría el péndulo al moverse en sentido contrario. La falla de Joaquín había consistido en desperdiciar, por ignorancia de esta ley de las compensaciones, las etapas favorables.”