“Ir al atardecer a la catedral, cuando la gran nave armoniosa, honda y resonante, se adormecía tendidos sus brazos en cruz. Entre el altar mayor y el coro, una alfombra de terciopelo rojo y sordo absorbía el rumor de los pasos. Todo estaba sumido en penumbra, aunque la luz, penetrando aún por las vidrieras, dejara suspendida allá en la altura su cálida aureola. Cayendo de la bóveda como una catarata, el gran retablo era sólo una confusión de oros perdidos en la sombra. Y tras de las rejas, desde un lienzo oscuro como un sueño, emergían en alguna capilla blanca formas enérgicas y extáticas.”
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¿Tanta belleza es consecuencia del poder de la fe o la fe se nutre de la fuerza que le roba a tanta belleza?
La belleza y la fe son fuerzas extraordinarias que en ocasiones se encuentran en espacios comunes. La influencia entre ambas ha sido continua en la historia de la humanidad. Lamentablemente, también se han dado casos en los que una (habitualmente la fe) ha destruido o intentado eliminar a la otra.
... emergían en alguna capilla blanca formas enérgicas y extáticas.”
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