Martin Amis: “Caía ya el crepúsculo, pero el cielo…”
“Caía ya el crepúsculo, pero el cielo seguía aún majestuosamente brillante y las estelas de los aviones más lejanos semejaban incandescentes espermatozoides enviados para fecundar el universo… En la calle, M. dejó de mirar a las chicas, y éstas, naturalmente, siguieron sin mirarle. Había llegado ya a la edad (tenía cuarenta y siete años) en la que las jóvenes miran a través de ti, más allá de ti: miran a través de tu espectro, lo que tal vez sea una desgracia muy trillada, pero claramente es un hito en tu despedida, en tu viaje al reino de los muertos. Susurras «adiós» una y otra vez…: que Dios esté contigo. (Porque yo ya no lo estaré. No puedo protegerte.)”