Caritativa lápida del tiempo

que no por separame de aquello que viví

me ciega su dominio. Si entonces me aborrezco

es sólo por mi culpa. Soy lo que he sido

y en mi memoria trazo mi venganza, me lavo

con mi propia impureza.

Igual que haría

el caminante con su cuerpo,

regresándolo a andar sin la distancia,

hago ahora conmigo: me abandono

en quien fui y hacia atrás me rescato,

volviendo siempre a desandar el tiempo,

reencontrándome siempre lo perdido.


Pero allí no estoy solo: vencedor

de mí mismo me llamo, me acompaña

todo lo fugitivo de mi vida,

me persigo a través del rastro del pasado,

y un hombre cada día, asiduamente,

surge y me continúa en la esperanza.

Vivo porque recuerdo aquel estado

anterior al momento que ahora evoco.

Y entonces ya los plazos de mis propios errores

sí pueden consistir en mi verdad.


Juntos

los días en un cerco instantáneo,

mi voluntad de regresar los salva,

los juzga mi memoria y los absuelve,

porque ya sólo soy

(abolidas las huellas delatoras)

una palabra dicha ante la muerte.